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"NUESTRA HISTORIA"

75 Años de Inauguración y Devoción

HOMENAJE A LA ABUELA, LA CAPILLA DE SANTA DELFINA DE SIGNÉ

Santa Delfina de Signé o de Glandeves nació en 1284, hija de Guillermo de Signé, señor de Puimichel y de Provenza, y de Delfina Barras. Huérfana a los 7 años, vivió bajo la tutela de su tía Cecilia de Puget, abadesa del monasterio de Santa Catalina de Sorbs, en la diócesis de Riez. Carlos II se empeñó en casarla con Eleázaro de Sabrán, quien mereció al igual que su esposa, el honor de los altares. Viuda, la condesa De Signé en 1325 se retiró de la corte de Nápoles y se dedicó a ayudar a los pobres entre quienes repartió sus cuantiosos bienes. Vistió el humilde hábito de la Orden Tercera de San Francisco y murió en Aviñón el 25 de septiembre de 1360. Fue apodada la Santa Condesa y la iglesia Católica la celebra el 27 de noviembre.

La abuela es la persona que une a la familia. A su alrededor giran sus integrantes, que reciben los consejos siempre pertinentes y su amor ilimitado. Es la poseedora y conservadora de las tradiciones. Es la que integra lo desintegrado, une a lo desunido, conforta al necesitado y ora por los hijos, incluso por el ausente. Ha adquirido la sabiduría que a los afortunados dan los años.

Acoge por igual al hijo que vuelve de una larga ausencia como al que a diario la saluda y le expresa su cariño. Su corazón no tiene límites. Cada uno de sus hijos y nietos parece engrandecerlo. Allí caben todos, y cada uno tiene su lugar y es su preferido.

Ella guarda sus recuerdos y los revive. A solas, a veces derrama lágrimas por los que ya se fueron, pero siempre luce entera. No se deja llevar por la tristeza porque las risas de los hijos y las de los nuevos seres, hijos de sus hijos, que comparten su vida, la alegran. Ellos llevan su sangre y perpetúan sus sueños.

En sus descendientes, su imagen provoca evocaciones nostálgicas de los domingos y de las fiestas hogareñas donde se degustaban los platos amorosamente preparados y que nadie más, aún siguiendo las mismas recetas, podía igualar.

Es la abuela la que eterniza las tradiciones e inculca la fe, la que fortalece y nutre el alma, y es a ella a quien se le rinde homenaje al construir la capilla de Santa Delfina de Signé.

La construcción de la capilla, cuya arquitectura parece extraída de un cuento de hadas, solemne y majestuosa a la vez, fue la forma en que los hijos de don Mariano y don Rafael Castillo Córdova la honran y le rinden amorosamente el tributo merecido al recuerdo de la madre de los fundadores: doña Delfina Córdova de Castillo. Por ella es que la Capilla queda bajo la advocación de Santa Delfina de Signé.

La edificación se inició el 3 de mayo de 1936 en la finca El Zapote, bajo la dirección de los señores Rodolfo y Arturo Castillo Azmitia. La construcción estuvo a cargo del maestro Simeón Retolaza. La obra fue interrumpida durante dos años por falta de fondos, pero al final fue solemnemente inaugurada el 5 de noviembre de 1950. Según investigaciones han dado a luz que en el diseño y construcción de esta capilla intervino el arquitecto alemán Erich Kuba Boling quien había construido, en esa época en la ciudad de Retalhuleu, la catedral y el edificio municipal.

El exterior de la capilla es sobrio y con una ornamentación elegante. La construcción, de una sola nave, tiene un interior de bellos acabados; destaca un magnífico altar barroco totalmente tallado en madera.

La consagración y coronación de la Santísima Virgen del Rosario de la Capilla Santa Delfina de Signé fue aprobada por el Arzobispo Metropolitano, monseñor Próspero Penados del Barrio, el 5 de noviembre de 2000. El acto de celebración estuvo a cargo de monseñor Tomás Barrios Sánchez, con la presencia del señor Nuncio Apostólico, monseñor Ramiro Moliner.





Este santuario ha sido testigo de conmovedoras escenas que testifican la fe del guatemalteco. La capilla es un medio de difusión de buenas costumbres, respeto, devoción, integrado todo ello desde la fe y el amor a Dios.

Fuente:
Libro de 125 años de Cervecería Centro Americana, S.A.
Escritora y directora de investigación
Mildred Bolaños Kemplin




 

Cristo de Velásquez

La escultura del Cristo de Velásquez, fiel copia de la pintura que existe en el Museo del Prado en Madrid, España. Obra del famoso pintor Diego Velásquez. Esta talla duró 15 años, se inició en el año 1959 y terminó en 1974. Única en su género, tallada por el escultor guatemalteco Don Huberto Solís Soberanis.